Retomo finalmente mi actividad en este blog largo tiempo abandonado, espero que disculpéis mi pereza infinita pero el verano y los compromisos minaron mi determinación.
Supongo que todos habréis leído, visto u oído acerca del "Manifiesto por la lengua común", podéis leerlo (es bastante breve) en el anterior enlace o adheriros si os gusta aquí. La verdad es que este manifiesto refleja con bastante precisión mi opinión sobre el tema de las políticas lingüísticas así que me alegró ver el masivo apoyo que recibía, pero no es de esto de lo que quería hablar, sino del "Contramanifiesto por las lenguas cooficiales", también es interesante leerlo, porque no tiene desperdicio (no pienso hablar aquí ni de la mitad de comentarios que surgen en mi mente con cada palabra que leo de ese texto y aún así me excederé en espacio), pero más que interesante es desconcertante. El contramanifiesto en cuestión es obra de la Federación de Asociaciones de Escritores en Lengua Gallega, Catalana y Vasca (Galeusca) y resulta , como decía, desconcertante, porque entre otras cosas, contesta a ofensas que nadie ha proferido (y mucho menos en el manifiesto anterior) o nos adoctrina con teorías completamente ajenas a la discución.
Supongo que todos habréis leído, visto u oído acerca del "Manifiesto por la lengua común", podéis leerlo (es bastante breve) en el anterior enlace o adheriros si os gusta aquí. La verdad es que este manifiesto refleja con bastante precisión mi opinión sobre el tema de las políticas lingüísticas así que me alegró ver el masivo apoyo que recibía, pero no es de esto de lo que quería hablar, sino del "Contramanifiesto por las lenguas cooficiales", también es interesante leerlo, porque no tiene desperdicio (no pienso hablar aquí ni de la mitad de comentarios que surgen en mi mente con cada palabra que leo de ese texto y aún así me excederé en espacio), pero más que interesante es desconcertante. El contramanifiesto en cuestión es obra de la Federación de Asociaciones de Escritores en Lengua Gallega, Catalana y Vasca (Galeusca) y resulta , como decía, desconcertante, porque entre otras cosas, contesta a ofensas que nadie ha proferido (y mucho menos en el manifiesto anterior) o nos adoctrina con teorías completamente ajenas a la discución.
Me preguntaba yo en qué idioma hablarían entre ellos los integrantes de esta asociación y por qué, cuando nada más empezar a leer, nos encontramos las primeras pseudoacusaciones políticas a los impulsores del Manifiesto, de las que el texto está trufada. Tilda el discurso de estos, de "pretendidamente homogeneizador y centralista", no comprendo muy bien que hace ahí ese pretendidamente, si añaden que ese mensaje subyace en el texto, pero en fin. Mi favorita es la imprescindible alusión al omnipresente fantasma de Franco.
"La visión anuladora que desde la enriquecedora realidad plurilingüe española se transmite desde el Manifiesto nos hace pensar en la similitud de tesis de la etapa franquista; un estado, una lengua y, consecuentemente, reforzar los planteamientos diferenciadores entre ciudadanos de primera y segunda por razones de lengua"
Obviemos el hecho de que estos escritores utilizan reiteradamente la preposición desde de forma incorrecta, cada vez que se juntan dos nacionalistas en una habitación sale el tema de Franco, que es un señor que lleva muerto más de 30 años y que la mayor parte de políticos y escritores que nos dan la murga de forma permanente, vieron morir antes de terminar sus estudios (los que los tienen). En cualquier caso, aunque hubiese muerto ayer, lo cierto es que estas alusiones son la muestra más patética de una absoluta falta de argumentos que siempre desemboca en intentar generar una especie de miedo o rechazo emocional (entiéndase opuesto a intelectual), a las posiciones que se combaten asociándolas con el régimen franquista. Olvidaba recordar que esa milonga de que con el manifiesto por la lengua común se pretende reforzar los planteamientos diferenciadores entre ciudadanos de primera y segunda por razones de lengua, nos la cuenta una gente que apoya y promueve una política consistente en proporcionar subvenciones a cualquiera que actúa en la lengua que más les gusta y que multan a aquellos que rotulan sus negocios privados en la lengua que no les gusta.
Un muy interesante aserto con el que nos ilumina GALESUCA es el siguiente:
"El gallego, el euskara y el catalán no son «inventos» de ahora, sino lenguas que fueron normales en sus territorios y sociedades respectivas durante centenares de años. Su desnormalización, su pérdida de usos públicos, no se produjeron de manera «natural», sino por invasión de la lengua que fue decretada como oficial del estado, sin ninguna consulta ni acuerdo previos."
Que yo recuerde, nadie ha dicho nada de que sean inventos (estamos de acuerdo en que no), pero aún así el resto del párrafo despierta en mí numerosos interrogantes. Me pregunto, por ejemplo, cual es la manera "natural" de que esto se produzca. Quizá en opinión de esta gente, los bárbaros de toda Europa (incluyendo las actuales Galicia, Cataluña y "País Vasco"), tampoco adoptaron el latín de forma natural, sino que deberían (como es ancestral costumbre) haberse reunido en juntas generales de bárbaros para acordar con los romanos de forma previa la adopción o no de la lengua, previa consulta por vía de referéndum. Obviamente sí fue de forma natural, porque la forma natural no es esa del acuerdo previo y la consulta, lo natural es que la utilidad se imponga, lo que no es natural es la imposición por chantaje sibilino de una minoría.
Nos encontramos también burdas mentiras: "Las políticas lingüísticas aplicadas al ámbito educativo en las comunidades bilingües, tienen como objetivo conseguir que el alumnado logre una buena competencia en las dos lenguas oficiales" esto no es cierto y es tan obvio que no pienso gastar otra palabra diciéndolo.
En su crítica al Manifiesto, el contramanifiesto recoge, precisamente un de las críticas más frecuentes:
"el Manifiesto parte de una premisa que no se corresponde con la realidad, ya que en ningún caso el castellano corre ningún peligro en todo el territorio del estado."
(Voy a hacer como que no me doy cuenta de esa puntualización de "todo el Estado" dando a entender que quizá en alguna parte...) Parece que estemos hablando de cosas diferentes, porque eso no es cierto. El manifiesto no parte de semejante premisa. No es el castellano lo que peligra, sino la libertad. Muchas veces se ha dicho, con intención de criticar el manifiesto que "el castellano no corre peligro, o no necesita defensa" y claro que eso es cierto, el castellano no desaparecería aunque España entera volase en mil pedazos mañana para después hundirse en la mar océnana. Entre otras cosas porque la mayor parte de sus hablantes están fuera. De hecho ya sabemos que en Madrid o Cáceres, no tienen problemas con estas políticas de inmersión. No es menos cierto que hagan lo que hagan tampoco desaparecerá jamás el castellano en Cataluña (o en todo lo que ellos llaman "Países Catalanes" en un ejemplo de imperialismo pavoroso), pero no es ese el tema. El tema es y ha sido siempre la libertad, la libertad de los individuos. La libertad para hacer uso de esa lengua común con las propias instituciones y lo que es más importante, en el ámbito de lo privado. me permito recordar una vez más la obligatoriedad de rotular comercios privados en la lengua obligada por los nacionalistas y socialistas o la presencia de auténticos comisarios políticos que velan por que los niños catalanes hablen la lengua obligatoria en los recreos. El manifiesto (y así lo expresa) defiende los derechos de los ciudadanos individuales, lucha por una realidad política, no por la pervivencia cultural de una lengua que la tiene más que asegurada.
El motivo de que las respuestas del Contramanifiesto apenas se relacionen con lo que critican es que se trata de realidades paralelas e irreconciliables. Para mí hay algo que es absolutamente fundamental por diferenciar las democracias de los regímenes totalitarios. El Manifiesto lo expresa con claridad:
"2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc... en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»)."
Los grupos no pueden tener derechos por la sencilla razón de que no existen (y cuando esto se produce, es absurdo). No existen de forma objetiva, puede haber criterios más o menos razonables o extendidos para su determinación, para la inclusión de individuos en un conjunto, pero esta nunca es objetiva y menos culturalmente hablando. El sujeto del derecho ha de ser perfectamente determinado (y no porque una ley adopte un criterio cualquiera alcanzaría este una validez natural superior) y lo único que existe indudablemente es cada individuo. Del mismo modo, la atribución de derechos a realidades más o menos abstractas o ajenas a este tipo de relaciones como las de las lenguas o los territorios es aberrante. Especialmente porque estos supuestos derechos colectivos son siempre la excusa para la represión de los legítimos derechos de los individuos para al consecución de alguna suerte de perversa entelequia.
Queda claro pues, que del Manifiesto por la lengua común, sólo puede extraerse la voluntad de que nadie pueda ser obligado en sentido alguno a la utilización de una u otra lengua oficial y concretamente que el uso del castellano no se vea limitado en su función de lengua común por las restricciones en su libre uso por los ciudadanos.
El Contramanifiesto termina finalmente con el siguiente párrafo victimista:
"10. Las escritoras y los escritores gallegos, vascos y catalanes PROCLAMAN nuestra voluntad de continuar escribiendo en nuestras lenguas y de contribuir al proceso, inacabado, de su normalización como derecho humano, democrático y pacífico al cual no renunciaremos. Repudiamos enérgicamente todos los intentos de EXCLUSION que colegas escritores españoles hacen de nuestras lenguas y lamentamos que, en lugar de preocuparse por la salud del español en Puerto Rico, Costa Rica o los Estados Unidos, se dediquen a combatir al más próximo y asimétricamente discriminado."
Con esto nos queda claro que desconocen el uso del género neutro (y toda suerte de concordancias) y sobre todo, que ni se han leído el Manifiesto.

